Indefensión aprendida

Cuando crees que ya lo has intentado todo

Cuando crees que ya lo has intentado, solo lo crees, pero no lo has intentado todo realmente.

Muchas personas me han dicho eso de “ya lo he intentado todo” y “no soy capaz”, “no encuentro el momento”, “no tengo fuerzas”, “haga lo que haga es igual”. Seguro que te suenan, incluso podría añadir algunas más.

Esa respuesta me recuerda la indefensión aprendida. La indefensión aprendida, también la impotencia aprendida es el mecanismo por el que alguien ha aprendido a comportarse de forma pasiva, claudicando o tirando la toalla ante una situación que realmente le está perturbando su vida. Es un esquema de pensamiento en el que el resultado sería “Haga lo que haga no servirá de nada, por eso me resigno a soportar esta situación”.

Esto se suele dar en las personas sometidas a maltrato, por su pareja, sus padres, o el caso del bullying también podría ser una situación de indefensión aprendida. Aunque se extiende a estados depresivos, a determinados rasgos de personalidad y a situaciones que normalizamos en nuestras vidas de las que podríamos salir y superar si nos lo proponemos realmente.

¿Cómo se aprende esa indefensión?

En los años 60, Martin Seligman inició una investigación acerca de la indefensión Universidad de Pensilvania relacionada con la depresión.

Uno de los primeros experimentos fue entre Seligman y Maier.

Fase 1: exposición a descargas

Dividieron a los perros en tres grupos:

Grupo inescapable
Los perros recibían las mismas descargas, pero no podían hacer nada para detenerlas.

Grupo control
Los perros no recibían descargas.

Grupo escapable
Los perros recibían pequeñas descargas eléctricas, pero podían detenerlas pulsando un panel o realizando una acción.

Fase 2: la “caja de evitación”

Después colocaron a los perros en una caja dividida por una pequeña barrera. Cuando sonaba una señal, el suelo daba una descarga. Los perros podían evitarla simplemente saltando al otro lado.

¿Qué ocurrió?

  • Los perros del grupo control y del grupo escapable aprendían rápidamente a escapar.
  • Muchos perros del grupo inescapable ni siquiera intentaban escapar. Se tumbaban, gemían y soportaban la descarga pasivamente.

Habían aprendido que: “Nada de lo que haga cambia el resultado”. A eso lo llamaron indefensión aprendida.

¿Las personas también aprenden esta indefensión?

Sí, y también se puede desaprender y comenzar a saltar al otro lado de la habitación para “dejar de recibir descargas”.

Cuando creas que lo has intentado todo y no encuentras una solución, un alivio o una liberación a lo que te causa malestar en tu vida, cambia de estrategia, apóyate en aliados, experimenta, prueba otras formas o busca ayuda. El esquema cognitivo que conduce a la indefensión aprendida pasa por Pensar anticipándonos a un resultado negativo, lo que nos lleva a Sentir esa inutilidad de nuestras acciones y por consiguiente el resultado final de la Acción es la Inhibición. nos dejamos vencer. Si le damos la vuelta a este esquema obtenemos el siguiente: Actúa–>Siente–>Piensa.

Esto es ¡Haz algo, muévete!, Siente que lo estás logrando, aunque sea un comienzo solo, Piensa: recréate pensando que lo has conseguido que has avanzado, que has superado o que lo has logrado. Siempre tendrás un plan B, o un plan C. y si se acaba el abecedario lo doblas y pones plan AB y así sucesivamente, la toalla solo se tira en el boxeo.

No te ha pasado alguna vez que no te apetecía salir de casa, por ejemplo, a la playa, a una fiesta, etc., pensando que te ibas a aburrir, que no tenías ganas ni fuerzas… Y algunos amigos insistentes han tirado literalmente de ti y tras estar en ese lugar has comenzado a sentirte bien y a pensar que te has alegrado de haber acudido. Pues aplica el cambio de esquema: Actúa–>Siente–>Piensa.

Incluso en los perros del grupo tres cuando se les enseñó ayudando a mover las patitas para que saltaran al otro lado, reconocieron que la ayuda proporcionada les servía para liberarse de las descargas, y tras un par de sesiones lo comenzaron hacer ellos por sí mismos.

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