Mi hijo ha suspendido asignaturas, qué hacer en vacaciones.

Una de las cosas más esperadas y a veces temidas a finales de junio son los boletines de notas de nuestros hijos adolescentes. Las notas pueden marcar de forma significativa las vacaciones de toda la unidad familiar.

 

Vamos a ver qué hacer cuando traen varias asignaturas suspendidas que tiene que recuperar en septiembre.

 

Lo habitual es que los padres no dispongamos más de unas semanas de vacaciones y estas deben servir para descansar y desconectar de nuestro trabajo y así poder regresar con las energías renovadas de vuelta a la tarea. Con los hijos debe ocurrir igual y las vacaciones no deberían convertirse en una especie de tortura para los suspensos sino más bien un espacio de reflexión sobre dónde hay que mejorar en los estudios para corregir el fracaso en las asignaturas.

Lo primero es cambiar culpa por responsabilidad.

Lo segundo planificar: tiempo de ocio y tiempo de estudio

Lo tercero seguimiento de objetivos marcados.

No vale de nada decir con cierta firmeza que este verano no te mueves de tu cuarto hasta que hayas estudiado toda la mañana, porque van a emplear las horas de la mañana en distraerse, van a percibir eso como un castigo insufrible y no servirá de mucho para que le cojan el gusto a la lengua y literatura, los binomios o las teorías más representativas de la economía en el siglo XX. Si a esto le sumamos que no tiene un horario que cumplir para acudir al Instituto, la hora de levantarse puede convertirse en una especie de asedio a su cuarto.

Por tanto, vayamos a los tres puntos que nos guíen en esta tarea:

 

1.-  Cambiar sentimiento de culpa por sentido de responsabilidad.

 

La responsabilidad de aprobar en septiembre es de ellos, así que eso debe quedar claro desde el principio de las vacaciones. No en clave de reproche, más bien como toma de conciencia de que para conseguir el objetivo lo primero es reconocer el error y sus causas para corregirlo y no caer en lo mismo durante el verano. Responsabilidad en la que debe contar con nosotros, sus padres por si precisan apoyo externo o interno para los estudios, pero eso sí, deben ser ellos quienes se comprometan con sus tareas. Y esto nos lleva al segundo punto.

 

2.- Planificar: tiempo de ocio y tiempo de estudio.

 

De poco o nada sirve castigar a nuestro hijo en su cuarto durante horas porque no vamos a conseguir que estudie y si lo hace lo hará mal y a un precio impagable. Mejor estrategia es planificar un tiempo de ocio y un tiempo de estudio pactado previamente con ellos. Esto puede incluir apoyo externo, profesor particular, academia de verano o nuestro propio apoyo si estamos preparados. En ningún caso debe presentarse como castigo, porque no lo es sino como estrategia para alcanzar el objetivo de aprobar esas asignaturas de septiembre. Siendo esta planificación desde el comienzo de las vacaciones tras una mínima pausa una vez finalizado el curso en junio. La planificación de horario de estudio debe ser similar durante todo el verano, no sirve un mes de julio relajado pensando que en agosto van a dar un último acelerón para septiembre. Lo que nos lleva a nuestro tercer punto.

 

3.- Seguimiento de objetivos.

 

Todo lo anterior suele quedarse en una declaración de intenciones, en una bronca con nuestro hijo si finalmente no hacemos un seguimiento de los objetivos marcados. Y este seguimiento debería ser al menos quincenal para que quepan cuatro o más controles previos sobre el avance en los estudios. Si es semanal, mejor que mejor. Si logramos un feed-back motivador porque va alcanzando sus objetivos estaremos transformando el estudio en un motivo de logro vs en una obligación per se.

 

En los tres puntos debemos proveer de un espacio con cierto nivel de privacidad y libre de distracciones. Podemos emplear técnicas de estudio que estimulen el aprendizaje, que eviten la distracción y el aburrimiento como el método Pomodoro.

 

Este método, creado en la década de los 80 por Francesco Cirillo, trata de facilitar la realización de tareas en el menor tiempo:

25 minutos de concentración en la tarea y 5 minutos de descanso. Durante los 25 minutos de tarea no hay distracción alguna, no hay móviles ni tablets, solo el libro y el cuaderno. Estos periodos de 25 minutos se denominan pomodoros. Una vez completados cuatro ciclos (2 horas) se alarga el descanso 15 minutos.

 

Otra técnica de estudio que propongo se basa en las tres lecturas (método propio):

 

Se trata de abordar un texto de manera progresiva:

 

Lectura aproximativa: como si estuviésemos hojeando. Hojear (con hache) viene de hoja. Significa ‘pasar las hojas de un libro, una revista, una libreta, etc., sin prestar demasiada atención. Pero tomando contacto con los contenidos que puedan llamarnos la atención.

Lectura básica: aquí nos vamos a detener en ciertos conceptos para comprenderlos, no se trata tanto de memorizar sino de comprender el contenido. Podemos ver una película o leer un libro sin tratar de memorizarlo y sin embargo lo recordamos durante mucho tiempo después.

Lectura crítica: Tras haber dedicado un tiempo a las lecturas anteriores nos dispondremos a abordar el texto desde una perspectiva crítica, tratando de poner nuestras propias palabras, realizar esquemas, anotaciones, etc. Como si tuviésemos que impartir una lección sobre lo tratado en el texto a alumnos de un curso inferior, por ejemplo.

 

Con el empleo del método Pomodoro, basado en tiempo de dedicación plena a la tarea y el método de las tres lecturas, basado en la forma de abordar nuevos conceptos podemos ayudar a nuestros hijos a conseguir sus objetivos académicos desde una nueva perspectiva.

Algunos enlaces útiles.

Notas de corte todas las carreras en el distrito único andaluz

Consejería de Educación Andalucía

¡Feliz verano!

Más información

Sobre el autor

 

 

 

 

 

Autor: admin

Licenciado en Psicología Clinica y de la Salud, Doctor por la Universidad de Granada. Licenciado en Pedagogía. Diplomado en Enfermería. Universidad de Sevilla. Experto en Educación para la Salud. Experto en Psicología Educativa. Mediador Familiar.

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