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Mi padre tiene pérdidas de memoria ¿Tendrá Alzheimer?

El miedo a perder la memoria es una de las preocupaciones más comunes y profundas asociadas al envejecimiento. Olvidar dónde dejamos las llaves puede ser un simple descuido, pero ¿en qué momento un olvido deja de ser normal y se convierte en una señal de algo más serio? Navegar por el mundo de la salud cognitiva está lleno de mitos y desinformación. Afortunadamente, la ciencia médica nos ofrece un mapa cada vez más claro, aunque algunas de sus indicaciones pueden parecer sorprendentes o ir en contra de lo que popularmente se cree.

A menudo el deterioro cognitivo leve, la demencia vascular, la demencia cortical, el Alzheimer vienen ocupan los primeros pensamientos cuando uno de nuestros mayores tiene algunas lagunas de memoria o torpeza psico o visomotora.

Este artículo destila la información más crucial de guías médicas y revisiones científicas recientes para revelarte cinco verdades impactantes sobre el manejo del deterioro cognitivo. Comprender estos puntos no solo te empoderará, sino que te ayudará a enfocar tus esfuerzos en lo que realmente funciona.

1. La primera línea de defensa no es una pastilla, sino el estilo de vida.

Cuando se trata de manejar el Deterioro Cognitivo Leve (DCL) o las etapas iniciales de la demencia, la primera recomendación de los expertos no es una receta médica, sino un conjunto de hábitos diarios. El tratamiento no farmacológico es considerado la primera elección porque ha demostrado ser altamente efectivo, especialmente en estas fases tempranas, donde parece que funciona mejor para mejorar la cognición, ralentizar la progresión y mejorar la conducta.

Los componentes clave de este enfoque, respaldados por la evidencia, incluyen:

• Estimulación cognitiva: Actividades que desafían al cerebro, como ejercicios de memoria con papel y lápiz, lecturas, cálculos y talleres de memoria.

• Ejercicio físico: Un programa de ejercicio diario adaptado a las capacidades de la persona, que combine tanto actividad aeróbica como anaeróbica.

• Dieta mediterránea: Este patrón de alimentación ha sido consistentemente recomendado por sus beneficios para la salud cerebral.

• Control de factores de riesgo cardiovascular: Manejar condiciones como la hipertensión, la diabetes y el colesterol alto es fundamental.

Este enfoque es tan impactante porque coloca las herramientas más poderosas para la salud cognitiva directamente en manos del individuo y su familia, promoviendo un rol activo en el cuidado de su propio cerebro en lugar de una dependencia pasiva de los medicamentos.

2. Cuidado con el botiquín: Medicamentos comunes que podrían estar afectando tu cerebro.

Resulta sorprendente, pero una causa de los problemas de memoria puede estar en el botiquín de casa. Múltiples medicamentos de uso común, tanto de venta con receta como de venta libre, pueden causar o agravar el deterioro cognitivo.

Las principales categorías de fármacos problemáticos incluyen:

• Anticolinérgicos: Un grupo amplio que incluye ciertos antihistamínicos, algunos antidepresivos y medicamentos para la incontinencia urinaria (como la oxibutinina) o para las náuseas (como la metoclopramida).

• Benzodiacepinas: Ansiolíticos como el diazepam y el clonazepam.

• Antipsicóticos.

• Algunos antihipertensivos: Específicamente, ciertos betabloqueadores.

Las estadísticas son claras: se estima que entre el 1.5% y el 10% de los diagnósticos de demencia en adultos mayores pueden atribuirse a los efectos adversos de los medicamentos. Pero aquí reside la verdad más impactante y esperanzadora: el deterioro cognitivo iatrogénico (inducido por medicamentos) es una causa potencialmente reversible. Por eso, una de las primeras acciones de un geriatra es revisar minuciosamente la medicación del paciente. Ajustar o sustituir estos tratamientos podría mejorar significativamente la función cognitiva.

3. No existe un «freno» farmacológico para la etapa inicial.

Una de las ideas erróneas más extendidas es que existen medicamentos para detener o frenar la transición del Deterioro Cognitivo Leve (DCL) a una demencia establecida, como la enfermedad de Alzheimer. La realidad clínica es diferente.

Fármacos como los inhibidores de la colinesterasa (donepezilo, rivastigmina, galantamina) se utilizan para tratar los síntomas de la enfermedad de Alzheimer ya diagnosticada, pero no están indicados para el DCL. Las investigaciones y guías clínicas son contundentes al respecto: estos medicamentos no han demostrado retrasar ni prevenir la conversión de DCL a demencia.

Esta realidad clínica hace que las intervenciones en el estilo de vida discutidas anteriormente no sean solo una recomendación, sino la estrategia más esencial y efectiva que tenemos a nuestra disposición.

4. Los suplementos para la memoria más populares podrían no servir de nada.

El mercado está inundado de suplementos que prometen mejorar la memoria y proteger el cerebro. Sin embargo, cuando se someten al escrutinio científico, muchos de los más populares no logran demostrar su eficacia.

Revisiones sistemáticas de la evidencia disponible, como las citadas en la guía del IMSS, han concluido que no se apoya el uso de los siguientes suplementos para prevenir o mejorar el deterioro cognitivo:

• Ginkgo biloba

• Vitaminas B1, B6, B12

• Ácido fólico

• Ácidos grasos Omega-3

• Piracetam

Saber esto es crucial. Te permite ahorrar dinero y, lo que es más importante, te ayuda a evitar falsas esperanzas y a concentrarte en las estrategias que sí tienen un respaldo científico sólido, como las intervenciones en el estilo de vida. Te protege de afirmaciones de marketing que no se basan en evidencia clínica robusta.

5. Para los síntomas difíciles, la solución no siempre es medicar.

Cuando una persona con demencia se agita o se vuelve agresiva, el problema a menudo no está en su cerebro, sino en su cuerpo. Aunque la respuesta instintiva podría ser buscar un medicamento, las guías clínicas recomiendan un enfoque muy diferente. La agitación es frecuentemente una forma de comunicación no verbal de un malestar físico.

La primera línea de acción no es prescribir un fármaco. El paso prioritario es siempre investigar y tratar la causa subyacente que podría estar provocando el comportamiento. A menudo, la agitación puede ser una manifestación de problemas no comunicados como:

• Dolor

• Infecciones (por ejemplo, una infección urinaria)

• Estreñimiento

• Alteraciones hidroelectrolíticas

• Hambre

• Privación del sueño

• Efectos adversos de otros medicamentos

El manejo conductual es el tratamiento de elección inicial. Solo si estas medidas fallan, se considera el tratamiento farmacológico, siempre utilizando la dosis mínima eficaz y por el menor tiempo posible. Es importante destacar que las benzodiacepinas no se recomiendan para manejar estos síntomas, ya que se asocian con un mayor riesgo de caídas, somnolencia y un empeoramiento del deterioro cognitivo.

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Conclusión

La evidencia clínica es clara: la protección de la salud cerebral se forja más en los hábitos diarios y en las conversaciones honestas con los médicos que en la búsqueda de curas milagrosas. Adoptar un enfoque proactivo y basado en la ciencia, centrado en el estilo de vida, la revisión de medicamentos y la comprensión del comportamiento, es la estrategia más inteligente y empoderadora para cuidar nuestra mente a largo plazo.

Sabiendo que el poder para proteger nuestra salud cerebral reside más en nuestros hábitos diarios que en una farmacia, ¿cuál es el primer pequeño cambio que podrías hacer hoy?


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