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Algunas notas sobre los trastornos de la conducta alimentaria

No todos los trastornos alimentarios se centran en el peso o la imagen corporal.

¿Qué es lo primero que se te viene a la cabeza al oír «trastorno alimentario»? Probablemente, la anorexia o la bulimia, condiciones íntimamente ligadas a una preocupación obsesiva por el peso. Sin embargo, el espectro es mucho más amplio y complejo, con trastornos cuyas motivaciones son completamente diferentes.

Dos ejemplos claros son:

• Pica: Este trastorno se define por el consumo compulsivo y persistente de sustancias no nutritivas y no alimentarias, como tierra, tiza, papel o jabón. El impulso no tiene nada que ver con las calorías o la figura, sino con un comportamiento que puede acarrear graves consecuencias para la salud.

• Trastorno de evitación/restricción de la ingestión de alimentos (ARFID): A diferencia de la anorexia, el ARFID no está motivado por un miedo a ganar peso o una distorsión de la imagen corporal. Las personas con este trastorno restringen su alimentación por otras razones, como una falta total de interés en comer, una evitación basada en las características de los alimentos (textura, olor, color) o una preocupación por las consecuencias repulsivas de la acción de comer, como atragantarse.

Reflexión: Esto es fundamental porque rompe el estereotipo de que los problemas alimentarios son solo una cuestión de vanidad. Nos obliga a preguntarnos: ¿qué significa realmente «ser un mal comedor»? A menudo, detrás de lo que juzgamos como un capricho se esconde una lucha sensorial o una ansiedad profunda que merece compasión, no juicio.

La anorexia nerviosa no es una enfermedad «moderna».

Es común pensar en la anorexia como un producto de la cultura moderna: la presión de las redes sociales y los ideales de belleza inalcanzables. Y aunque la prevalencia de los trastornos alimentarios ha aumentado significativamente en las últimas cinco décadas, la anorexia nerviosa no es, ni mucho menos, una invención reciente.

La ciencia identificó y describió esta condición hace mucho tiempo. La primera mención oficial data de 1874, en un comunicado de medicina presentado en Oxford. Fue el Dr. William Gull quien, en un primer momento, la denominó «apepsia histérica», observando un patrón de enfermedad en mujeres jóvenes caracterizado por una drástica pérdida de peso.

Reflexión: Este dato histórico nos obliga a mirar más allá de las culpas contemporáneas. Nos demuestra que la lucha humana con la alimentación y la percepción del propio cuerpo tiene raíces profundas. Esto sugiere que, si bien los medios modernos pueden amplificar la presión, la vulnerabilidad a estas luchas internas no es un invento de nuestra era, sino una faceta de la condición humana que hemos tardado en comprender.

Se puede tener un trastorno por atracones sin las purgas de la bulimia.

La imagen popular de la bulimia es un ciclo de «atracón y purga». Sin embargo, existe un trastorno específico y grave que comparte la primera parte de este ciclo, pero no la segunda: el Trastorno de Atracones.

Un «atracón» se define clínicamente como la ingesta, en un corto período de tiempo, de una cantidad de alimentos muy superior a la normal, acompañada de una sensación de pérdida de control. La diferencia clave reside en lo que ocurre después del atracón:

• Bulimia Nerviosa: Se recurre a conductas compensatorias (vómitos, laxantes, ejercicio extremo, etc.) para contrarrestar la ingesta.

• Trastorno de Atracones: No existen estas conductas compensatorias. El ciclo termina en un profundo malestar psicológico, como culpa, vergüenza o depresión.

Reflexión: Esta distinción es vital porque visibiliza una condición que a menudo pasa desapercibida. Es un recordatorio crucial de que el sufrimiento en salud mental no siempre es visible. Una persona puede parecer que «simplemente come mucho» mientras libra una batalla interna de vergüenza y descontrol que es tan grave como cualquier otro trastorno alimentario.


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