Tengo miedo a contraer una enfermedad, ¿es normal?

Con frecuencia se da este motivo de consulta; “creo que puedo tener cáncer como le pasó a mi madre”. También se asocian síntomas reales como un dolor en el pecho o en la cabeza que se asocia a un infarto agudo de miocardio o a un ictus respectivamente.

¿Hasta qué punto esto puede ser normal?

Trataremos de aclarar estas cuestiones. En primer lugar, diremos que en la mayoría de las veces esto es normal, tener miedo o preocupación por padecer una enfermedad es algo normal, el problema viene cuando tales preocupaciones controlan nuestra vida, nos impiden una vida normal, generan malestar psicológico en nosotros y en nuestro entorno, ya sea familiar, social o laboral.

Haciendo una reducción del concepto, podemos afirmar que comienza a no ser normal, cuando las preocupaciones traspasan la barrera de las obsesiones y todo en nuestra vida gira alrededor de la búsqueda de un posible síntoma que confirme nuestros miedos o el miedo constante a contraer una enfermedad determinada, incluso la visión irremediable de una muerte, de modo que vemos nuestra vida solo con el objetivo puesto en que algún día llegará nuestra muerte. En tales casos podemos estar ante un trastorno de somatización y un trastorno de hipocondría respectivamente.

¿Qué son estos trastornos?

Ambos pertenecen al grupo de los “Trastornos Somatomorfos” en el que diferenciamos los trastornos de somatización del trastorno de hipocondría, aunque también entrarían en ese grupo el trastorno de conversión, el trastorno dismórfico corporal y el trastorno por dolor.

En el trastorno de somatización la persona que lo padece tiene síntomas físicos, ya sean gastrointestinales, genitourinarios, osteoarticulares o neurológicos, sin embargo, tras una exploración médica no se hallan disfunciones ni lesiones orgánicas que lo motiven, siendo en muchas ocasiones derivados a Salud Mental para psicoterapia.

Por otro lado, en el trastorno de hipocondría lo que impera es el miedo, las obsesiones y la preocupación constante por padecer alguna enfermedad determinada, ya sea un cáncer, un infarto, una parálisis, etc. casi siempre, una enfermedad grave, muchas veces porque dicha enfermedad temida la ha padecido algún familiar o conocido en el pasado. También se incluye el miedo a la muerte.

Un ejemplo del trastorno de somatización sería el caso de una mujer de 52 añoscon un trabajo exigente en horarios y atención al público, que presentaba un dolor punzante debajo de la clavícula izquierda, con palpitaciones, y que lo experimentaba con mucha angustia, fue derivada al servicio de cardiología donde se le practicaron pruebas diversas para descartar cardiopatía, tras obtener los resultados y haber sido examinada en profundidad por el servicio de cardiología, ella seguía convencida de que lo suyo era “algo malo”, por lo que fue derivada a Salud Mental para evaluación y tratamiento. Con la psicoterapia los síntomas fueron desapareciendo y pudo reincorporarse a su trabajo y recuperar su normalidad.

En el segundo caso, hipocondría, nos encontramos con un hombre de 32 años, trabajador por cuenta propia que acude por estar “convencido de que tengo cáncer” Su padre murió años antes de un cáncer, y él, aunque no presenta síntomas, refiere el menor indicio para achacarlo a su principal temor: padecer un cáncer. Ya sea que se encuentra cansado algunas mañanas o que ha perdido el apetito. Es un lector ávido de las páginas de internet acerca del cáncer, de los síntomas que podría tener para descartar uno u otro tipo de enfermedad. No hay nada que le convenza por muy evidente que sea que su estado de salud no corre riesgo alguno. Cuando acude a psicoterapia su objetivo es ir descartando sintomatología, tratando de guiar la consulta hacia sus temores para confirmar al menor indicio que está en lo cierto. Tras un proceso de terapia cognitivo-conductual se pudo ir cambiando su foco de atención y dirigiendo las ideas irracionales hacia un enfoque más realista y racional de su vida.

 

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