Algunas notas sobre la educación emocional en el entorno familiar

 

Introducción.

 

El ser humano se mueve en un entorno donde es inevitablemente un ser social, y esto cobra mayor importancia en el núcleo primario de esa sociedad en la que se desarrolla, que es la familia, donde existen lazos emocionales fuertes entre padres, madres e hijos. De ahí la importancia de una educación emocional que permita, más allá de la convivencia, una interrelación sana entre los miembros de ella. Vivir con emociones positivas facilita una vida sana, por el contrario, las emociones negativas tienen a menudo un coste para nuestra salud y para las relaciones interpersonales.

 

Esta es como ya hemos dicho, la gran cruzada de Goleman: que desde todos los ámbitos posibles se comience a considerar la inteligencia emocional y sus competencias como claves para el éxito personal y profesional.

 

Los argumentos más convincentes y poderosos se dirigen tanto a la cabeza como al corazón. Y esta estrecha orquestación entre el pensamiento y el sentimiento es posible gracias a algo que podíamos calificar como una especie de autopista cerebral, un conjunto de neuronas que conectan los lóbulos prefrontales – el centro ejecutivo cerebral, situado inmediatamente detrás de la frente y que se ocupa de la toma de decisiones-con la región profunda del cerebro que alberga nuestras emociones. Continue reading «Algunas notas sobre la educación emocional en el entorno familiar»

Cuando la convivencia familiar se hace insoportable

Cuando la convivencia familiar se hace insoportable

 

Escuchaba no hace mucho en un programa de radio a un conocido juez de menores que decía que cuando un adolescente convierte la casa en un infierno, debe denunciarse al juzgado o la guardia civil y que las autoridades actúen. Se trataba de jóvenes que tienen una conducta de oposición, desafío continuo a las figuras de autoridad, no cumplen las tareas y van deteriorando poco a poco la convivencia familiar.

Y visto así, podemos afirmar “en caliente” que la casa es un infierno, valga la redundancia.

En realidad, muchas veces, por no decir, la mayoría de las veces, llegar al extremo de denunciar al juzgado o la guardia civil, como decía su señoría, no hará más que acabar de romper la convivencia, y puede ser que ese no sea nuestro objetivo sino todo lo contrario, la mayoría de los padres persiguen recuperar precisamente la convivencia y cierta armonía en casa.

Cuando se produce un conflicto de tales características tendemos a centrar el foco en el adolescente, cuando debemos analizar todo el grupo familiar, las interacciones que en él se desarrollan y el contexto más amplio que lo sitúa, los factores predisponentes y los precipitantes o desencadenantes del conflicto. Si lo abordamos con amplitud en toda su extensión, el conflicto lejos de parecer mayor, lo que hacemos es acotarlo precisamente para poder trabajarlo mejor. Porque el conflicto suele tener su origen en la propia relación, en la interacción de los diferentes integrantes del núcleo familiar, por tanto, la responsabilidad es de todos, aunque las expresiones emocionales, se focalicen más en unos que en otros. Desde el sentimiento de fracaso por parte de los padres; “¿En qué hemos fallado?”, de claudicación; “Ya no puedo más, tiro la toalla”.

Cuando el conflicto parece superar a los padres y deja campo libre hacia el fracaso a los hijos debemos buscar soluciones y no culpables.

¡Vamos a las soluciones!

Hoy propongo utilizar herramientas de mediación familiar. En primer lugar, analizaremos las posiciones, lo que vemos y nos demandan en la parte visible.

Padre/Madre:

  • No hay manera de que vaya al instituto,
  • No hace nada en casa,
  • Se pasa todo el tiempo encerrado en su habitación,
  • Por el contrario, todo el día en la calle,
  • Nos miente, no sabe hablar, solo gritar,
  • Se lleva fatal con su hermana pequeña….

Hijo:

  • Cada vez que salgo me llama varias veces para preguntar dónde estoy
  • Me tienen agobiado con el instituto
  • No se fían de mí, en cambio de mi hermana están siempre hablando bien
  • Prefiero quedarme en mi habitación porque así “paso” un poco
  • No sé qué quiero estudiar porque no se me da bien estudiar
  • Ya hay algunos profesores que no me pueden ni ver

Estos son ejemplos sacados de una realidad que supera con creces a la ficción que pudiéramos exponer aquí. A veces las expectativas que los padres tienen respecto a sus hijos son un obstáculo y causa de frustración, del mismo modo que la percepción de que todo lo que hace el adolescente es fiscalizado lleva a un cierto grado de auto denegación y abandono de la responsabilidad.

Las herramientas de la mediación que vamos a utilizar aquí pretenden lograr una mejor relación entre las partes pasando por una comprensión del otro para poder transformar la comunicación en los aspectos formales y de fondo. Para ello el modelo de comunicación que empleamos fundamentalmente es el Circular-Narrativo.

Aquí lo importante es que mediante el trabajo de las narraciones de las partes se logre que cada uno modifique la percepción que tiene de “su realidad” que lo encapsula y enquista el conflicto. Nuestro trabajo consiste en devolver un discurso que, tras analizar los intereses, las necesidades, junto a las posiciones de desencuentro, vayan despejando el camino hacia la transformación de las relaciones, más que la imposición de normas o reglas, que sabemos de antemano no se van a cumplir.

Trabajar la empatía, la confianza, establecer límites, flexibilidad, en resumen, se trata pues, de mejorar la relación para que los contenidos (lo que se dice, se hace, se piensa) sean transformados por otros más adaptativos a la convivencia esperada.

Para más información sobre este tema puedes enviar un email.

 

Dr. R. Sotillo Hidalgo 2021

Mediación familiar ¿Para qué?

Mediación familiar ¿Para qué?

 

Introducción.

La mediación familiar es un proceso extrajudicial que sirve para solucionar un conflicto surgido en el seno de la familia. En este proceso intervienen las partes con la intervención de un profesional especializado y autorizado por el Registro de Mediadores correspondiente en el Ministerio de Justicia y, en su caso, por la Comunidad Autónoma correspondiente, a través del órgano competente (en Andalucía corresponde a la Consejería de Salud y Familias). Gracias a este proceso se evita la instancia judicial y se puede mejorar la relación entre las partes en conflicto, asunto importante cuando hay menores y la comunicación siga siendo necesaria entre los miembros de la familia. Una vez alcanzado un acuerdo, que suele ser en un plazo breve, se puede elevar a escritura pública para que tenga carácter ejecutivo. En el caso de que se hay iniciado un proceso judicial, también se puede homologar por el juzgado que inició dicho proceso, teniendo igualmente carácter ejecutivo.

 

¿Quién puede acudir a mediación familiar?

Cualquiera de las partes que se encuentre en situación de los siguientes supuestos:

  • Separación, divorcio o nulidad matrimonial.
  • Por disolución de parejas de hecho.
  • Por asuntos relacionados con el cuidado de personas en situación de dependencia.
  • Por el ejercicio de la patria potestad, tutela o curatela.
  • Cumplimiento del régimen de visitas.
  • Parientes que gestionan un negocio familiar.
  • Por conflictos derivados del régimen de visitas y comunicación de abuelos con sus nietos.
  • Por conflictos relacionados entre padres adoptivos, hijos adoptados y padres biológicos.
  • Del mismo modo en los casos de acogimiento familiar y los conflictos que se puedan derivar.
  • Entre menores y familiares hasta tercer grado de consanguineidad.

 

Se podrá acceder a un proceso de mediación libre y voluntariamente, antes de iniciar un proceso judicial, en el curso de un proceso judicial, solicitando la suspensión del mismo, o una vez finalizado dicho proceso judicial. También es posible abandonar la mediación en cualquier fase del procedimiento. Esta mediación podrá ser promovida por los siguientes:

  • Cualquiera de las personas unidas por vínculo conyugal o integrante de parejas de hecho, según Ley.
  • Por hijos biológicos, acogidos o adoptados,
  • Por personas unidas por parentesco hasta el tercer grado de consanguineidad o afinidad,
  • Por personas que ejerzan funciones de tutela o curatela respecto a quienes están bajo su tutela o curatela.

 

¿Qué ventajas aporta la mediación respecto a la vía judicial?

 

  • Al ser un proceso libre y voluntario, no tiene por qué excluir otras acciones judiciales, por lo que hasta no alcanzar un acuerdo que se homologue por el juez o eleve a escritura pública no tiene carácter ejecutivo. De modo que es complementario a la acción judicial permitiendo a las partes lograr un acuerdo consensuado y satisfactorio para ambas.
  • Por otro lado, al establecer una serie de técnicas de comunicación con la ayuda del mediador, se disminuye la hostilidad entre las partes y se facilita el acuerdo.
  • En los acuerdos prevalece el principio de que ambas partes ganan.
  • Los protagonistas del proceso y por tanto de los acuerdos son las partes.
  • Por esa razón, suelen ser acuerdos estables, duraderos y satisfacen a ambas partes.
  • Se da en un entorno de respeto y confidencialidad entre las partes y el mediador.
  • Se analizan no sólo las posiciones iniciales sino los intereses y las necesidades de las partes.
  • Se evitan errores y conductas en las relaciones con los hijos y la pareja (triangulación, alienación, etc.).
  • Incluso si no se logra un acuerdo se puede avanzar en acuerdos parciales y se mejora la comunicación entre las partes.
  • Permite establecer la custodia compartida como una solución estable tras el divorcio o separación.
  • Se recupera y mejora muchas veces las relaciones con los hijos mayores y se vela siempre por el interés de los menores.

 

 

Para más información puede contactar por teléfono 677 014 600 o  Enviar email

Ser padres tras el divorcio

Al utilizar el término padres estamos incluyendo a ambos progenitores. Nuestra pretensión es ofrecer una breve guía para aquellas personas que tras un divorcio o separación de su pareja donde han convivido hijos menores, no saben exactamente qué hacer o decir a los hijos, y lo más importante, qué no decir.

Vayamos pues por partes.

1.- Poniendo las cosas en su justo término.  Pensemos que el divorcio es una situación por la que pasan un número importante de parejas. Más la mitad de las parejas finalizan en divorcio, separación o nulidad, España tiene una tasa del 61% cifra similar a la de otros países europeos y muy por encima de los países latinoamericanos.

¿De qué hablamos?

Muchas veces tratamos el divorcio exclusivamente desde la perspectiva de fracaso en la relación de pareja. Cuando lo cierto es que existen otras dimensiones y factores alrededor del divorcio más allá de la ruptura en sí misma. También se terminan las condiciones que originan el conflicto y lo que es más, se da un paso importante para encontrar una solución y comenzar una nueva vida.

¿En qué nos afecta?

Muchas veces se mezclan y se igualan la dimensión emocional, legal, económica y otras que trascienden al ámbito de la pareja. Cada unas de esas dimensiones debe tratarse en su medio y no debemos negociar ni trasvasar una a otra. Lo que suele ocurrir es que al añadir esos otros factores legales, económicos, materiales a nuestra vivencia lo convertimos en una experiencia traumática, de pérdida irreparable y en resumen en un duelo.

Si nos situamos en la dimensión emocional es normal que precisemos un periodo de adaptación hasta normalizar nuestra vida y podremos superar dicha situación desde una perspectiva renovadora.

 

¿Qué hacer y decir a los niños? Continue reading «Ser padres tras el divorcio»